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f oro de educación musical, artes y pedagogía.
 Vol. 2, Núm. 2, Marzo/2017
ISSN 2545-7101
 
ISSNe 2525-1317


  Reseña de ‘En contra de la música: herramientas para pensar, comprender y vivir las músicas’

Review. Against music: Tools to think, understand and live musics.

Reseña bibliográfica por Silvia Carabetta (Argentina)[*]

Recibido: 29/12/16
Aceptado: 1/03/17


Reseña del libro de Julio Mendívil (2016) En contra de la música: herramientas para pensar, comprender y vivir las músicas.
Buenos Aires: Gourmet Musical. 224 páginas; 23 x 15 cm.


Cómo citar este artículo: Carabetta, S. (2017). Reseña de ‘En contra de la música: herramientas para pensar, comprender y vivir las músicas’. Foro de educación musical, artes y pedagogía, 2 (2), 149-152.

Enseñar música o el lenguaje artístico que sea, implica, se sepa o no, estar parado sobre toda una serie de conceptos que derivan en epistemologías y ontologías que se pondrán en juego en las aulas. Hemos sostenido en un texto publicado en el número anterior de esta revista[1], que se percibe una suerte de contradicción entre los discursos pedagógicos críticos y los discursos epistemológicos musicales. Mientras los primeros abogan por la inclusión, por el respeto a la diversidad, entre otras cosas, los segundos se apoyan en nociones cristalizadas sobre la jerarquización de las músicas, la formación elitista, etc. En este sentido, cada capítulo del libro de Mendívil[2] busca, con un lenguaje llano, argumentos sólidos y numerosos ejemplos, pone en cuestionamiento el paradigma decimonónico que tanta influencia ha tenido y tiene entre especialistas y legos de la música. Desde una etnomusicología que se posiciona como posinterpretativa, poscolonial, reflexiva y política (pág. 185), el libro propone percibir la alteridad y, con ello, la arbitrariedad o la artificialidad de todas nuestras nociones sobre la música, y por qué no, de todo nuestro mundo.
Defensor de la disidencia musical y lejos de la idea de la música como un lenguaje universal, que habría evolucionado desde expresiones primitivas a formas puras, que representarían lo más excelso del espíritu como signo de LA música, Mendívil rastrea la genealogía de cada una de las nociones que sostienen esta manera de entender la música, para contrastarlas con la idea de música como actividad social y cultural, por lo tanto diversa en lugar de universal; performativa en lugar de normativa. De allí el título del libro que el autor se encarga de aclarar que, obviamente, no escribe en contra de la música, sino a favor de LAS músicas, sin distinciones valorativas de ningún tipo.
El libro está prologado por el etnomusicólogo estadounidense Philip V. Bohlman y se organiza en 30 capítulos muy breves. Como no podía ser de otra manera, uno de los primeros interrogantes que propone el autor es ¿qué es la música? En varios de los capítulos Mendívil mostrará cómo la respuesta a este interrogante, que es histórica, ha ido variando con el tiempo, y aun así, que no todas las culturas definen de la misma forma qué es o no es música, de manera que las verdades que sobre ella se establezcan tienen validez, dice el autor, dentro del régimen de verdad que las sustenta; esto es, será música lo que un grupo humano determinado reconozca como tal.
La idea de música universal, como arte puro, sostenida por el idealismo alemán del siglo XIX, donde el valor estético es intrínseco a los sonidos, marcó históricamente la división entra la “música como música” y lo extramusical; así se estableció una línea evolucionista y jerárquica que adjetiva a la diversidad musical humana con términos como: menor, simple, pura, elevada, primitiva, etc. Por el contrario, Mendívil, siguiendo a Alan Merrian, insta a concebir la música como un sistema tripartito: sonido, comportamiento y conceptos, en tanto, sostiene, es imposible comprender los significados musicales solo en lo intrínseco de las estructuras sonoras, sino que éstos surgen inmersos en la actividad social y cultural mediante la cual los individuos la producen en un espacio y tiempo dados (pág. 26). Los significados musicales, dirá, son un campo de lucha por definir la tensión entre lo que se quiere decir y lo que se entiende, entre la intención y la interpretación.
Comprender así la música, como performance, como parte ineludible del sistema cultural, lleva a reconsiderar, entre otras cosas, la idea de la música como un lenguaje universal que hermana a los pueblos, para pensarla como un medio para posicionarse en el mundo generando encuentros y desencuentros. Dice el autor: “Los desencuentros musicales nacen frecuentemente de nuestra incapacidad por aceptar la alteridad. (…) El soldado español Miguel de Estete, por ejemplo, tuvo hace 500 años el privilegio de presenciar el primer contacto europeo con la música indígena de los Andes. (…) Apabullado por los códigos, para él incomprensibles, que la regían, la música andina hubo de resultarle tan bárbara y horripilante como sus productores” (pág.37).
En la misma línea, el autor sostendrá que saber o no saber música queda supeditado a las competencias que exija cada cultura musical y cada rol que se ocupe dentro de esa cultura: compositor, intérprete, oyente, coleccionista, etc., visibilizando así la existencia de diferentes saberes musicales. Del mismo modo, los gustos musicales, definidos desde cierta tradición como la capacidad para degustar la música “correctamente”, partían de imaginarlos autónomos e imaginar las identidades como estáticas. Por el contrario, Mendívil señala la cantidad de condicionamientos no artísticos que definen el gusto musical de un sujeto, de manera que el gusto musical “…no dice mucho sobre la música en sí, sino sobre nuestra historia de vida…” (pág.113). Los gustos, entonces, ni responden homológicamente al sector social al que se pertenezca, ni son únicos ni estáticos a lo largo de la vida. Y esto se vincula también con que no existe, para Mendívil, determinismo racial ni tampoco determinismo cultural, esto es cultura devenida en instancia biológica, que vincule al hombre con su capacidad de hacer o consumir tal o cual música. El capítulo que dedica a este tema cierra con una bella frase: “Tengo la certeza de que todo ser humano no atrapado por sus prejuicios es capaz de aprender todas las músicas” (pág. 82).
Con este marco de ideas, Mendívil dedica interesantes capítulos a discutir las clasificaciones históricas con las que pensamos habitualmente la música: lo clásico, el folklore, las delimitaciones de las músicas en función de sus fronteras nacionales como la música peruana o la música del continente africano. Mostrando la imposibilidad de considerar la música fuera de la vida social, Mendívil discurre sobre los nacionalismos en relación con la música y, con ello, los fanatismos, las competencias que generan cierta patrimonialización de la música, ligados muchas veces al etnocentrismo y la xenofobia; el cruce de cuestiones de género, de pertenencia a sectores sociales, a ámbitos geográficos, a distinciones estéticas, que se ligan al quehacer musical de los pueblos y que el autor ejemplifica con mucha claridad, echan luz sobre concepciones y prejuicios que sostienen la pureza de la música. En el mismo sentido, se vuelven imprescindibles los capítulos que desestabilizan concepciones arraigadas sobre el lugar y peso de las industrias culturales, o de los medios tecnológicos, en la conformación del gusto, en el consumo e interpretación de las distintas manifestaciones musicales, en la configuración del público.

Podemos decir que En contra de la música, de Julio Mendívil, es un texto cuya lectura permitirá a los lectores, especialmente a los educadores musicales, deconstruir y reconstruir concepciones absolutamente cimentadas a lo largo del tiempo y muchas veces asumidas de manera naturalizada como verdades absolutas. Libro provocativo, así como necesario para poder pensar una educación musical que respete la diversidad de mundos musicales de los que son portadores los educandos. En pos de una educación que se asume discursivamente como respetuosa de la crítica y la alteridad, el libro de Julio Mendívil, proporciona elementos para la descentralización del sujeto en los discursos sobre la música, defendiendo el derecho, como él mismo lo señala, a la disidencia musical.


[*] Magister en Educación (UNICEN). Investiga la formación de los educadores musicales. Autora de “Sonidos y Silencios en la formación de los docentes de música” y “Ruidos en la Educación Musical”. Directora de la Revista Foro de Educación Musical, Artes y Pedagogía. Contacto: silviacarabetta@gmail.com

[1] Carabetta, S. (2016). Algo hace ruido en la educación musical. Foro de Educación Musical, Artes y Pedagogía, 1 (1), 11-31. Recuperado de http://www.revistaforo.com.ar/ojs/index.php/rf/ article/view/

[2] Julio Mendívil es etnomusicólogo y charanguista peruano, radicado en Alemania donde actualmente se desempeña como profesor de etnomusicología en la Universidad Goethe de la ciudad de Frankfurt.

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